Durante meses, Alberto Núñez Feijóo ha confiado en que el desgaste del Gobierno bastaría para abrirle las puertas de La Moncloa. Sin embargo, sus últimas propuestas sobre las bajas laborales, el llamado «derecho del no nacido» y la dependencia están produciendo el efecto contrario: cuanto más concreta su alternativa política, más argumentos ofrece a quienes dudan de que represente ese centro moderado que dice encarnar. Hay candidatos que pierden unas elecciones por una crisis económica, un escándalo o una mala campaña. Y hay otros que empiezan a complicarse el camino cuando deciden explicar qué quieren hacer si gobiernan. Eso parece estar ocurriéndole al aún líder del PP. Su estrategia consistía en esperar el desgaste del Ejecutivo, pero al bajar al terreno de las propuestas el foco ya no apunta a La Moncloa, sino a sus propios errores. El primero ha sido el de las bajas laborales. Más allá de las matizaciones posteriores, la percepción instalada es demoledora: un trabajador que enferma podría ver reducidos sus ingresos. En política, la percepción pesa tanto como la realidad. Y pocos mensajes generan mayor rechazo entre las clases medias y trabajadoras que la sospecha de que ponerse enfermo pueda convertirse también en un castigo económico. Lo más relevante es que esta polémica no parece un hecho aislado. Encaja con una trayectoria política en la que el PP ha votado contra la reforma laboral, contra las subidas del Salario Mínimo Interprofesional y contra la reducción de la jornada laboral a las 37,5 horas. La discusión sobre las bajas médicas refuerza así la imagen de un partido que sigue entendiendo la competitividad empresarial desde la reducción de derechos laborales. Además, esta propuesta tiene un evidente impacto de género. Las mujeres siguen soportando mayor carga en los cuidados familiares, sufren más precariedad laboral y son quienes con más frecuencia recurren a bajas relacionadas con la maternidad o con responsabilidades de cuidado. Presentar las bajas laborales como un problema estructural vuelve a situar al PP frente a un colectivo que ya soporta importantes desigualdades en el mercado laboral. Resulta especialmente llamativo que este debate se produzca cuando España registra cifras récord de afiliación a la Seguridad Social y el empleo mantiene una evolución positiva. En lugar de disputar el terreno de la mejora de las condiciones laborales, Feijóo ha elegido cuestionar un derecho ampliamente asumido por la mayoría social. La segunda polémica gira en torno a la propuesta de computar al «no nacido» para determinadas ayudas familiares. El PP intenta presentarla como una medida de apoyo a la natalidad, pero el verdadero problema demográfico español tiene mucho más que ver con las enormes dificultades económicas que encuentran los jóvenes para formar una familia. El acceso a la vivienda continúa siendo uno de los principales obstáculos para la emancipación. Los elevados alquileres, la precariedad laboral, los salarios insuficientes y el alto coste de criar un hijo retrasan la maternidad y la paternidad. A ello se suma la falta de plazas públicas suficientes en escuelas infantiles de 0 a 3…


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