Los "sacrificios" de Feijóo y Abascal aventuran una España de recortes sociales

El Partido Popular (PP) y Vox se ven tan cerca de La Moncloa que están revelando de forma anticipada los múltiples recortes sociales que acometerán si logran conformar un Gobierno de coalición tras las elecciones del próximo 29 de noviembre. Ambas formaciones temen que se repita el desenlace de 2023; sin embargo, sus asesores de campaña no parecen estar siendo capaces de contener el arrebato de sinceridad que se ha adueñado de Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal y sus gurús económicos. «Os prometo un Gobierno que os pida sacrificio», bramaba Feijóo el pasado fin de semana. Unas palabras del líder de la oposición, cuyo último trabajo alejado del mundo de la política data del siglo pasado, que coinciden con la posición que ha asumido el PP en múltiples votaciones del Congreso de los Diputados y que anticipan lo que vendrá. El que sería su socio preferente ya ha puesto la diana en los pensionistas, defendiendo a las claras, en palabras de José María Figaredo, caminar a un modelo mixto que privatice parte de las prestaciones. El PP tampoco se ha quedado atrás en los últimos meses. Feijóo ha pasado de votar en contra de las subidas del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a demonizar a los trabajadores que enferman, expandiendo el discurso empresarial del absentismo laboral. Tampoco le gusta al gallego que las jornadas laborales sean más cortas, pese a que antaño propuso una jornada de cuatro días. Regular la vivienda es algo rechazado por ambos, como bien han dejado claro personalidades como José Luis Martínez-Almeida e Isabel Díaz Ayuso. Entonces, la pregunta es quién se sacrifica. Sacrificar a la clase trabajadora El sacrificio de Feijóo es selectivo. Sacrificio para los trabajadores, que verán como no tienen derecho a una baja laboral, a las que Feijóo tilda de «cáncer». Sacrificio de los pensionistas, que recuerdan la congelación de sus prestaciones a manos de Mariano Rajoy y temen la llegada del mismo partido que ha votado múltiples veces en contra de revalorizarlas conforme al IPC. Sacrificio para profesores y sanitarios, que deberán desplegar su trabajo en peores condiciones y con menos medios mientras contemplan como crecen el espacio y los bolsillos de las opciones privadas. Sacrificio de los jóvenes, que deberán entrar a un mercado laboral liberalizado y sin protección para apenas costearse, con su misero sueldo, un alquiler aún más disparado y desregularizado. Sacrificio para quienes vean como les despiden a partir de los 50 años a cambio de una irrisoria indemnización, reducida para estimular el mercado y fomentar la contratación. Sacrificio, en definitiva, para casi la totalidad de la población, abocada a un canibalismo social en el que se prima el enfrentamiento entre iguales. Pero sacrificio solo para casi la totalidad. Las multinacionales y grandes empresas, perseguidas por el imperante comunismo que es sabido que manda en la Unión Europea (UE) y en España, verán reducidos sus impuestos y responsabilidades. Las mutuas privadas harán su agosto, cobrando de las empresas para decidir sobre las bajas laborales de los malvados trabajadores…

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