El adelanto de las elecciones generales al 29 de noviembre ha encontrado en la derecha un recibimiento mucho más matizado de lo que podría sugerir la satisfacción por el final anticipado de la legislatura. El Partido Popular celebra la convocatoria porque llevaba tiempo reclamando que los españoles acudieran a las urnas, pero sus principales dirigentes han comenzado a introducir cautelas, advertencias y reproches sobre las condiciones en las que se desarrollará el proceso. En paralelo, Vox ha elevado todavía más el tono: Santiago Abascal no solo ha evitado dar por descontado un determinado resultado, sino que ha sembrado dudas sobre el procedimiento electoral y ha advertido de posibles «trampas» del Gobierno. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha pedido este lunes que los ciudadanos no recurran al voto por correo en los comicios del 29 de noviembre ante la posibilidad, según su interpretación, de que puedan producirse «adulteraciones». La dirigente madrileña ha vinculado esta advertencia con la evolución del censo y con las consecuencias electorales que atribuye a las regularizaciones de ciudadanos españoles residentes en el extranjero, al tiempo que ha anticipado un posible crecimiento de la representación madrileña de hasta siete escaños. Ayuso ha sostenido que España dispone, «en teoría», de un sistema de recuento de votos garantista, pero inmediatamente después ha alertado sobre las modificaciones del censo y ha asegurado que Alberto Núñez Feijóo estará «pendiente de la adulteración» y dispuesto a librar «todas las batallas» que considere necesarias en defensa de la democracia. Abascal, por su parte, ha optado por una estrategia distinta, aunque coincidente en un punto esencial: rebajar cualquier expectativa de victoria anticipada y mantener activado el estado de alerta de su electorado. «Van a ser muy inciertas», ha advertido sobre las elecciones en una entrevista en Espejo Público. El dirigente de Vox ha recordado el precedente de 2023 para justificar su cautela: las encuestas pronosticaban entonces un escenario que finalmente no se tradujo en una mayoría de Gobierno de PP y Vox. El voto por correo, terreno de sospecha Ayuso ha situado el voto por correo en el centro de sus advertencias. La presidenta madrileña ha reclamado a los españoles que no utilicen esta modalidad de sufragio y ha relacionado su petición con las eventuales alteraciones que, según sostiene, podrían producirse durante el proceso. Su argumento se apoya en una cuestión real —la evolución del censo electoral y las modificaciones derivadas de las sucesivas leyes de nacionalidad—, pero da un salto interpretativo al presentar esas circunstancias como una posible fuente de «adulteración» electoral. La inscripción de electores en el Censo Electoral de Residentes Ausentes y las reglas que determinan la atribución de escaños son procedimientos regulados y sometidos a control institucional; convertir su mera existencia en indicio de fraude requiere pruebas que no han sido aportadas en las declaraciones citadas. La presidenta madrileña ha puesto el acento, en particular, en la denominada «ley de nietos». Según ha explicado, Madrid es una de las comunidades donde más habría aumentado el censo…


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