Hay momentos en los que el fútbol deja de ser fútbol. No ocurre cuando un delantero falla un penalti, cuando un entrenador se equivoca con un cambio o cuando un equipo pierde un partido que parecía ganado. Ocurre cuando alguien decide que una camiseta, un brazalete o un gesto antes de saltar al césped debe convertirse en una prueba de lealtad. Y entonces llega Kylian Mbappé. El francés decidió no mostrar por completo una camiseta de apoyo a Ceuta antes del partido del Real Madrid contra el Elche. Junto a Vinícius y Konaté, se la colocó parcialmente, de manera que no pudiera leerse el mensaje «Todos somos caballas. Nuestra ciudad, nuestra patria». La reacción fue inmediata: críticas, reproches y una discusión que convirtió durante unos días a tres futbolistas en protagonistas de un debate que llevaba mucho tiempo esperando cualquier excusa para entrar en el vestuario. Pero Mbappé explicó después qué había detrás de aquel gesto. Y merece la pena escucharle. «Tengo toda la solidaridad con Ceuta y con todas las víctimas», dijo. Después añadió que también quería pensar en los inmigrantes que habían perdido la vida y en quienes seguían viviendo situaciones difíciles. «No quiero meter prioridad en el sufrimiento», explicó. No parece una declaración contra Ceuta. Parece exactamente lo contrario: una forma de decir que la solidaridad no debería funcionar como una competición. El problema de tener que elegir Jordi Évole ha puesto el foco en una contradicción que merece ser discutida: mientras algunos insisten en que no hay que mezclar deporte y política, determinados mensajes políticos llegan precisamente a los futbolistas a través del deporte. En su artículo Vivas a Mbappé, publicado en La Vanguardia, Évole ironiza con esa contradicción y con la utilización de Ceuta como terreno de disputa política. Y ahí aparece Mbappé. No porque tenga razón en todo. No porque un futbolista deba convertirse en referente político. Ni siquiera porque su gesto tenga que gustarle a todo el mundo. Sino por algo bastante más sencillo: tenía derecho a no querer participar en un mensaje concreto. El periodista mira también hacia el discurso político que ha acompañado a la polémica y pone bajo sospecha algunas de las frases que suelen presentarse como neutrales. «»Esto no es de izquierdas ni de derechas». Danger. Peligro. Cuando oigan esta frase normalmente es porque eso es o de izquierdas o de derechas», ha apuntando Évole. La segunda advertencia sigue el mismo tono irónico:»»De este conflicto no hay que sacar rédito político ni hacer cálculos electorales». Cuidado. Cuando oigan esa frase, quien la pronuncia normalmente está sacando rédito político o haciendo cálculos electorales». Évole dirige entonces su mirada hacia Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, a quien presenta con evidente ironía como «el político más querido hoy en España». El periodista llega incluso a plantear, desde el sarcasmo, que el PP podría pensar en él como candidato a la Presidencia del Gobierno. La referencia no es casual. Vivas ha defendido que la cuestión de Ceuta no debe interpretarse en términos…


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