España ha apuntado otro día histórico: la retirada de la Verja entre La Línea de la Concepción (Cádiz) y Gibraltar. El principio de una nueva era en las relaciones con el Peñón y por el que, desde el escenario político, se ha vuelto a vislumbrar las tiranteces y el desacuerdo entre Gobierno y oposición. Por un lado, el presidente del Ejecutivo central, Pedro Sánchez, lo ha celebrado como «una nueva etapa» que cierra «una herida de tres siglos»; mientras, desde el Partido Popular lo han tachado de «fraude». Ante la demolición de la Verja de Gibraltar, el principal mandatario de La Moncloa ha celebrado este paso en adelante sin renunciar, al tiempo, a las reivindicaciones históricas de España sobre la colonia británica que se llevan extendiendo durante décadas. «Hoy el fin de la Verja es el principio de una nueva etapa cargada de oportunidades e ilusión para esta región», ha aplaudido, acompañado en el acto junto al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares; el ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo; y los alcaldes del Campo de Gibraltar –las localidades de La Línea de la Concepción, San Roque, Algeciras, Castellar de la Frontera, Tarifa, Jimena de la Frontera, Los Barrios y San Martín de Tesorillo-. Y es que esta decisión viene supeditada por la entrada en vigor provisional del acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y Reino Unido por el que se pone fin a los controles de pasaportes en este punto geoestratégico. «Alguien dijo una vez que las fronteras son las cicatrices de la historia y probablemente tenga razón», ha reivindicado Sánchez, al tiempo que ha tildado este 15 de julio como un «día histórico» y por el que «una herida que existió terminó por cerrar». A la contra, ha expresado que los muros representan «la decisión consciente de mantener esa herida abierta», sinónimo de lo que fue la Verja durante estos años, «una herida abierta para los miles de trabajadores que cruzaban cada día sin saber cuánto tardarían en llegar a su puesto de trabajo y también para las familias separadas por unos metros de metal y para generaciones y generaciones que crecieron pensando que no había una solución posible». Gracias al acuerdo alcanzado de Bruselas con Londres, con la intermediación española, en palabras de Sánchez, se ha superado «una forma de entender la política que confunde la prudencia con la inacción, que hipoteca el futuro mirando siempre al pasado y piensa que los conflictos enquistados están destinados a permanecer abiertos». En estos términos, ha defendido la «determinación» de su Gobierno por haber resuelto esta tarea pendiente, alineándose así «siempre con el interés nacional y con el pleno respeto al Derecho Internacional. Este acuerdo lleva su principal consecuencia sobre los trabajadores transfronterizos, aquellos que debían pasar los controles de seguridad cada día al entrar y al salir del Peñón para acudir a su lugar de trabajo. Bajo esta realidad, Sánchez ha hecho hincapié en que la «principal prioridad» eran ellos, en torno a 15.000 personas de las que…


Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.