El plan secreto de Juanma Moreno Bonilla ha quedado al descubierto. Tras años disfrazado de líder templado, la firma de su acuerdo de gobierno con la extrema derecha demuestra que la moderación nunca fue una convicción, sino una simple estrategia de marketing. Un disfraz diseñado exclusivamente para mantener el poder y utilizar a la Junta de Andalucía como un trampolín hacia Madrid; un plan de asalto para relevar a un Feijóo debilitado que ahora, de la noche a la mañana, salta por los aires tras acabar firmando el acuerdo más de derechas de todos los barones del Partido Popular. Al esfumarse su mayoría absoluta y verse abocado a meter a la extrema derecha en el Palacio de San Telmo, su billete de ida para liderar el Partido Popular nacional se ha esfumado. Moreno Bonilla se enfrenta a una legislatura que puede ser su última, en la que se va a ver forzado a abandonar el relato centrista, asumir el fracaso de su estrategia de aislamiento y entregar las llaves de Andalucía a Abascal. Este desenlace desmiente por completo las expectativas que durante meses manejaron los asesores de San Telmo y las encuestas internas del Partido Popular. En los despachos de la Junta se daba por hecho que Moreno Bonilla no solo retendría su hegemonía en solitario, sino que rozaría el techo de los 61 parlamentarios. Aquella cifra tan ambiciosa no era un simple objetivo electoral; era el pasaporte de legitimidad diseñado expresamente para consolidarlo como el principal referente y el salvador de la derecha española en el resto de España. Sin embargo, la última campaña electoral demostró que el entorno del presidente vivía en una burbuja de datos optimistas, demoscopia cocinada a medida y una excesiva confianza que rozaba la complacencia. Cuando Moreno Bonilla se vio obligado a bajar a la arena, a recorrer la calle real y a escuchar directamente el pulso de la ciudadanía, comprobó que la realidad era muy distinta de los informes de sus estrategas. El ciudadano de a pie ya no compraba el relato oficial del milagro andaluz. Detrás de la propaganda institucional y las infografías de prosperidad, lo que los andaluces encontraban en su día a día era una sanidad pública desmantelada, una atención primaria en mínimos, unos hospitales colapsados y unas listas de espera en dependencia que batían récords históricos mes tras mes. De ahí surgieron los evidentes nervios que marcaron de forma insólita sus intervenciones en los debates televisivos. De ahí nacieron esos anuncios electorales de última hora, improvisados y apresurados, que delataban a un candidato que se sentía mal informado por su propio equipo y superado por una realidad que ya no podía camuflar. El verdadero problema de Moreno Bonilla no se circunscribe únicamente al mapa andaluz; impacta de lleno en la soterrada batalla por la sucesión dentro del Partido Popular. En las altas esferas de la calle Génova es un secreto a voces que Feijóo atraviesa un momento prolongado de debilidad. El líder gallego no termina de despegar, las encuestas…


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