Los números no dan: el temor de Feijóo a que el acoso a Sánchez no sea suficiente para llegar a Moncloa

La derecha tiembla. Sabe que no llega. Intuye que los números no dan y que la Moncloa sigue quedando demasiado lejos. Tras años de una ofensiva sin precedentes, el artefacto político y mediático construido para derribar a Pedro Sánchez ha encallado en la realidad de un país que se niega a retroceder y volver cincuenta años atrás. Se han pasado de frenada. Las palabras de Aznar llamando a un sabotaje nacional generalizado —aquel explícito «el que pueda hacer, que haga»— se cumplieron a rajatabla por tierra, mar y aire, pero el tiro les ha salido por la culata. Lejos de desgastar al Gobierno, la virulencia del ataque ha provocado un efecto bumerán: ha permitido a millones de españoles comprobar de lo que serían capaces Feijóo y Abascal si alguna vez llegaran a gobernar juntos. La obsesión de Génova ha alcanzado extremos tan llamativos como el temor, atribuido a Feijóo, de que incluso la victoria de España obtenida en el Mundial de fútbol pudiera traducirse en un beneficio político para Pedro Sánchez. Ese clima de confrontación permanente ha acabado desconectando al PP de un sentimiento compartido por la mayoría de la ciudadanía: la voluntad de celebrar los éxitos colectivos al margen de la disputa partidista. La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha caído como una bomba en el cuartel general del Partido Popular. El PSOE no solo aguanta el tipo, sino que amplía su ventaja hasta situarse 7,9 puntos por encima del PP. La brecha ya no es un margen de error; es una tendencia que desbarata la narrativa de la oposición. El bloque conservador se apresura a publicar sus propios sondeos en cabeceras afines. Encuestas que insisten en que Feijóo va estupendamente y que el cambio es inevitable. Sin embargo, nadie se cree esos datos. La realidad interna de Génova es muy distinta: son nervios, son reproches mutuos y es una creciente sensación de impotencia. La amenaza ya no es una hipótesis de futuro; es una realidad que millones de ciudadanos y ciudadanas experimentan a diario. Son cuatro las comunidades autónomas donde el Partido Popular depende de Vox para poder gobernar. El peaje del PP para conseguir los sillones está teniendo graves consecuencias tanto desde el punto de vista político como social y todo ello empieza a calar en el electorado. El impacto resulta especialmente relevante entre los mayores, un colectivo que observa con bastante preocupación cómo la alianza entre la derecha y la extrema derecha pone en cuestión las pensiones, la sanidad, la dependencia y las políticas de bienestar. Quienes levantaron el Estado del Bienestar difícilmente aceptarán que todos esos derechos puedan ponerse en riesgo para sostener una mayoría parlamentaria. El liderazgo de Feijóo se ha convertido en una sucesión de errores de cálculo. Su pronóstico de que Europa jamás validaría la ley de amnistía ha quedado desmentido por la evolución del proceso judicial europeo, un tremendo revés que erosiona su imagen como supuesto hombre de Estado. Tampoco ha pasado desapercibido su giro respecto al independentismo…

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